Gavarnie

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sábado, 23 de diciembre de 2017

Cambio climático y la extrema temporada de huracanes de 2017


Como ya indiqué en la entrada del huracán Ophelia, aunque no se puede determinar que  un único huracán sea causado por el cambio climático, el hecho de que cada vez sean más destructivos, más potentes y afecten a zonas que antes estaban libres de ellos, es un claro indicativo de que algo está cambiando.
El verano y el otoño de 2017 han visto una inusual sucesión de huracanes, de intensidad sin precedentes, en el Atlántico Norte y el Caribe. El huracán Harvey causó graves inundaciones en Houston. Irma, fue uno de los dos huracanes más intensos jamás registrados en el Atlántico Norte y arrasó las zonas por donde pasó. María arrasó Puerto Rico y las islas Vírgenes. Tanta destrucción hace preguntarse si el cambio climático no habrá influido en acontecimientos tan extremos. Los expertos van teniendo cada vez más claro cuáles serán las consecuencias en un mundo más cálido.

Cambio climático y la extrema temporada de huracanes de 2017
Huracán Irma en Septiembre de 2017. www.theatlantic.com

Intensidad de las tormentas

Muchos expertos están seguros de que un mundo más cálido creará tormentas más fuertes; y de que esto ya se deja notar. Desde 1981 ha aumentado la velocidad máxima del viento de los huracanes más potentes. Debido a que los océanos están ahora calientes y proporcionan más energía a los huracanes, lo que les permite a estos hacerse más potentes. El huracán Patricia, en 2015, estableció un récord de velocidad máxima del viento en el Atlántico Norte: 346 km/h y en 2016 el huracán Winston batió el récord del más potente del hemisferio sur.
Los huracanes reequilibran el calor de la Tierra, bombean el calor de los mares tropicales en forma de humedad atmosférica y vientos,  de este modo disipan el calor hacia la atmósfera, donde se redistribuye y se radia hacia el espacio. 
Desde el punto de vista climático, los huracanes son necesarios para mantener el océano a una temperatura razonable. Ningún otro fenómeno puede desempeñar ese papel. Si el océano se calienta, los huracanes tenderán a revertirlo a los valores iniciales, pero para ello tendrán que ser más potentes o más frecuentes o ambas cosas en un mundo más caliente.

Huracanes y cambio climático
El mar entrando en una urbanización de la isla de san Martín. www.theatlantic.com

La relación del cambio climático con la frecuencia de los huracanes es menos conocida y más discutida. Algunos expertos predicen una posible disminución en su número total. Un gran huracán puede desempeñar el papel de cuatro más pequeños. Casi todos los modelos predicen ese efecto: muestran  una disminución del número total de huracanes en un clima más cálido. Aunque hay todavía mucha incertidumbre sobre este punto.

Sin embargo, el número de tormentas muy intensas podría en realidad subir. Algunos estudios arrojan que, globalmente, más huracanes pueden alcanzar el extremo superior, las categorías 4 y 5. Esa tendencia se podría experimentar particularmente en el Atlántico Norte. La frecuencia de los huracanes más fuertes está controlada por otro tipo de circunstancias: que no haya cizalladura de los vientos a gran altura, que no haya demasiada tierra en su trayectoria y que no haya demasiado aire seco que absorba su humedad. Se desconoce cómo cambiarán estas condiciones, o siquiera si cambiarán.

Subida del nivel del mar

Los científicos coinciden en que el cambio climático implica que las subidas del nivel del mar en las costas durante las tormentas van a ser mayores. Sería así incluso aunque los huracanes no se intensificasen. Una vez que se tiene un nivel del mar base mayor, se añadirá al ascenso del nivel del mar debido a los efectos del huracán. Si el nivel ordinario del mar es 20 centímetros más alto, por ejemplo, el aumento debido al huracán se añadirá a esos 20 centímetros  de lo que habría sido sin esa subida adicional del nivel del mar.

Cambio climático y huracanes
Aeropuerto de la isla de San Martín invadido por el mar. www.theatlantic.com


Precipitaciones

Los  expertos esperan también que el cambio climático incremente la intensidad de las precipitaciones durante un huracán. Las graves inundaciones, sin precedentes, alrededor de Houston son un poderoso argumento a favor de esa idea. Un aire más cálido contiene más vapor de agua. En el caso de los huracanes, conduce a una mayor eficiencia: el ritmo al que la lluvia cae de las nubes crece. Se prevé que  el ritmo de la precipitación en los huracanes aumente en un 7% por cada grado centígrado que suba la temperatura de la superficie del mar.


Expansión por otros territorios

Las regiones del mundo que actualmente no tienen huracanes podrían tenerlos. A medida que los océanos se vayan calentando, el territorio de las tormentas ciclónicas se extenderá. Si un huracán sigue sobre agua caliente, mantendrá su intensidad. Será posible encontrase con esas fuertes tormentas en nuevos lugares donde antes no se registraban. Hay que fijarse en Ofelia, que sorprendió a Irlanda y al Reino Unido en octubre de 2017. Pero el caso de Ophelia no es un caso aislado, también han comenzado a observase huracanes en la península arábiga.  

Los huracanes presentan particulares dificultades porque son sucesos complejos y hasta cierto punto raros. No solo hay una gran variabilidad, sino que el registro fiable es corto: su seguimiento por satélite empezó alrededor de 1970. La creciente intensidad de los huracanes se manifiesta ya en el registro de huracanes. En estos momentos se ve ya que los más fuertes superan récords de intensidad en todo el mundo. El entorno en que todos estos huracanes se producen es más cálido y húmedo, y sabemos que eso tiene su efecto, Las pruebas apuntan a que el cambio climático ya está entre nosotros.

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